
Ilustrémonos hoy con este extracto del libro de Tom McNamara “Prusia sin tapujos” (publicado en España por Panini), una de sus obras menores aunque no por ello menos recomendable:
“Entre los grandes enemigos con los que contó Prusia durante su excitante y longeva historia, uno de ellos destaca por su valentía frente a lo que era de forma obvia el Mayor Imperio de Todos los Tiempos. Esta fuerza opositora, como muchos sabrán, era Bolivia. Antes de ser cuna de rostros tristes, instrumentos de viento de bajo copete y discusiones en el seno de la FIFA sobre a que altura máxima deben jugarse los partidos; Bolivia fue llamada “el titán de Los Andes” por su poderío tecnológico y militar. Los bolivianos ya disfrutaban de los placeres de Internet por aquel tiempo (siendo Kazaa Lite el cliente P2P estrella), y el GPS campaba a sus anchas por las carreteras de Sucre, llamada así en honor al famoso jugador croata.
El punto clave a nivel militar de la nación eran sus aviones de combate, con la famosa “Armada Quechua”, una potente flota de mas de 300 cazas F-35 que haría las delicias del pueblo boliviano en las campañas por la conquista de Norteamérica y Nueva Zelanda, campañas que, como se explica en mi primer libro “La historia en tomo y medio” fueron coser y cantar. El por aquel entonces virrey de La Paz, Tomaloc Nunchaccu se planteó, después de la ocupación completa del territorio kiwi, atacar a la potencia por excelencia y motivo de esta obra que tienes entre manos, la gran Prusia.
Las crónicas de la época hablan: El pueblo prusiano se echo en pleno a la calle, a celebrar el ataque inminente de una flota que, aunque derrotada de antemano, suponía un cierto reto para los prusianos. El gentío se apoderó de Kopetenplatz, la sidra barata mojaba las calles, jolgorio general, abundantes opiáceos. Precisamente de ese momento histórico proviene uno de los clásicos dichos populares del país: “Si llegan los bolivianos, vente a la plaza, surmano”.
Fue un informador en Viena, nombre en codigo Thor, el que dio las noticias de la aproximación de los cazas bolivianos a la frontera con Austria. Los Prusianos cargaron sus antiaéreos y se prepararon para la masacre.
Según los historiadores de la época, mas de 200 aviones tuvieron que caer antes de que el general general Tomaloc diera la orden de retirada. La division antiaérea había hecho estragos con dos tercios de su flota.
Curiosamente, el acero de estos cazas que quedaron en suelo Prusiano sería usado mas adelante para la construcción del mayor Parque acuático de Europa, "Wasser Sherrich", que haría las delicias de los infantes de la época, adictos a sus famosas pistas blandas. Fotografías de la aquel tiempo muestran como el buen humor y la ironía prusiana les llevo a usar como emblema del parque la propia bandera boliviana.
Pero, ¿qué ocurrió con los cien aviones restantes? Lejos de amilanarse por la derrota, se dirigieron a Nápoles (Italia era aliado de Bolivia por aquel entonces) para el necesario repostaje; y pusieron rumbo a los paises nórdicos, donde continuaron su sangrienta campaña de conquista hasta caer a manos de Finlandia en lo que se denominó popularmente como "La extraña batalla"
Pero eso ya es otra historia..."