... pero los tiempos de las trifulcas habían terminado, Struchem, que indudablemente había sido férreo defensor del patriotismo Prusiano Sureño, se vió obligado a inmiscuirse en una gerra que en el fondo ni le iva ni le venía.Ahora deambulaba solo por una carretera de tierra que en aquel momento se había convertido en lugar de paso para tanques y escuadrones. Tras varias horas d caminata sus ojos se iluminaron al ver que sus plegarias habían sido escuchadas, en ese momento creyó que Dios existía; pero luego se acordo de la época en la que jesuscristo estuvo trapicheando en su país y esa idea se la quitó de la cabeza; a pocos metro un cartel luminoso mostraba las letras que provocaron el jolgorio en el alma pícara del soldado: CLUB.
Los parroquianos de aquella sala en aquel momento eran de lo mas dispar; allí estaban entre otros, para sorpresa de Struchem, el obispo gangoso que la noche anterior bendijo a su compañía, antes de su deserción; El conde Hungsteienlreichenaft, un respetado aristócrata obsesionado con el sado que casualmente fué quien asesino a Westrun, compañero de de aventuras del soldado; Lichonhorft, general de artillería que gastaba un bigote alargado que le llegaba hasta los hombros, y un perro con monóculo que curiosamente Struchem recordaba haber visto actuar en una obra de teatro clásico sobre unos galeses en el caribe. Jugaban a las cartas, fumaban puros, bebían en el mejor ron, que les traía una señorita vestida al gusto del obispo; de niñera con sombrero de copa y máscara de cuero, y apostaban fuerte.
Struchem se les acercó decidido.
- ¿puedo unirme a la timba?
- mge sgfuena tbu cgara - respondió el obispo con extrañeza - ¿Tbu hasb lgunchadbdo en la combagnia gutro bel ofgtabo gbatallón?
Struchem contuvo la risa.- ¡carajo! ¿puedo jugar o no?
- Wooof - dijo el perro con decisión.
pero la cara de sorpresa de Struchem dio a entender que no entendía su idioma.
- Dice que el es la banca - contestó la voz ronca del conde Hungsteienlreichenaft - que cuanto pides en fichas.
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1 comentario:
Lichonhorft, jamás pocos bigotes hubo como el suyo en Prusia.
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