-¡Legionarios!; ¡prestos los pilums! - gritó el decurión mientras los bárbaros se acercaban a la escuadra romana. Arcadium y Lapittum deseaban con todas sus ganas repartir un poco de gresca a esos sucios galos que se resistían a someterse al imperio. Pero la batalla no comenzaba bien, la noche anterior habían excedido con las razzias, el saqueo, las violaciones, el vino y el asesinato gratuito y ahora la resaca pasaba factura ante las hachas de los bárbaros.
Allí estaban, los hijos de Marte, ciudadanos romanos, ¡gloria del imperio!, carnaza de centurión. ¡Orgullosos Legionarios!. Cinco años llevaban ya formando parte de las filas y numerosas heridas habían curtido sus pieles a lo largo de la campaña en las galias. Sus aventuras como soldados comenzaron cuando fueron condenados a muerte por el senado. La legión les savó de su cruel destino, algo de vino, sal, y algunas prostitutas era su recompensa.
Las flechas galas calleron imprevisiblemente sobre el escuadron y todos murieron. Aqui terminan las aventuras de dos valerosos soldados...
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