viernes, 7 de diciembre de 2007

A medias...

Llegó la nieve al río, y el río llegó tarde a su cita con el mar. Yurena miraba por la ventana de su casa, esperando cartas de un jóven capitán. De repente vió al cartero paseando por el distrito. Sus ojos se bañaron en lagrimas, que posteriormente por las prisas, llenaron de escarcha sus mejillas al abandonar el calor del hogar.
El ejército rojo, sable que Stalin blandía a diestro y siniestro por el mítico este de Europa, recibía en ese momento metralla y fuego a las puertas de Berlín. Fue entonces cuando un jóven capitán abandonó su cuerpo, ajado y cosido por las balas, en una anónima trinchera, tiñendo de rojo la albina nieve...

En ese momento el escritor se dió cuenta de que continuar un drama ambientado a mediados del siglo XX no se parecía en nada a las historias de rabinos y obispos con transfondo cominco-moral a las que estaba acostumbrado, además le parecía un poco cursi. Encendióse un pitillo y mientras pensaba en continuar el relato o publicarlo, se dió cuenta que se trataba de Madre Prusia, un púlpito desde donde se predicaba el purismo por encima de la lógica. Finalmente pulsó el botón sin ponerle un punto final a la historia

3 comentarios:

Un tio cabal dijo...

La esencia del purismo hermano.

Anónimo dijo...

Podrias haberla continuado, el humor está en todas partes. (o casi)

Anónimo dijo...

Podrias haberla continuado, el humor está en todas partes. (o casi)