lunes, 10 de diciembre de 2007

Cultura prusiana: Expresiones típicas


Suecia se mostraba como un rival mucho más aguerrido y despiadado de lo que habían podido pronosticar nuestros más eruditos estrategas; la guerra por el dominio de los fértiles territorios de la Pomerania se prolongaba cruelmente, los días parecían durar más de 25 horas y el fetido olor de la muerte intoxicaba el alma y cuerpo de nuestras guerreras. Mientras, en la Madre Prusia, los hombres revivían el recuerdo de sus amantes sacando brillo a sus cascos militares o tocando tristes solos de zambomba.

En aquellos tiempos, tanto hombres como mujeres, en estricto reparto de campañas, conformaban las huestes del noble ejercito prusiano. Dicho dato, no esta demasiado recogido en los libros de historia del resto de los territorios europeos debido a la ardua tarea que suponía para las tropas enemigas encontrar diferencias entre los sexos prusianos.

Así, al ser esta campaña cosa de mujeres, los varones se veían obligados a buscar soluciones que les ayudaran a mitigar la ausencia de éstas y, a tenor de los textos prusianos de la epoca, sus prácticas tenían un claro carácter festivo y liberal. De este modo, la zoofilia era concebida como "la máxima expresión de amistad entre un hombre y un animal" (extracto del "Libro de Lothar para el amante solitario"). Solo después de esta larga aunque necesaria leccion de historia podemos por fin referirnos al tema principal de esta entrada: El origen de la expresión "Qué te folle un pez".

Corría el año 1710, continuaba el conflicto sueco-prusiano. El Duque de Silesía se hallaba reunido con el Conde de Brandeburgo en el Real Palacio de Württemberg. El primero se lamentaba frente al segundo de lo poco satisfactorías y repetitivas que eran sus prácticas sexuales en ausencia de su amada Inga.

-Te propongo que hagas algo nuevo -sugerió el Conde de Brandeburgo- algo muy francés. Ante el silencio y los ojos expectantes del Duque de Silesia prosiguió el Conde:
-Un pez querido amigo, un resbaladizo, largo y humedo escualo.

Terminada la cita, el Duque de Silesia llamo a su guardia personal y les apremió para que en el menor tiempo posible le trajeran la más esplendida anguila del reino, petición que vio satisfecha a los pocos días. Cuenta la historia que, hallandose en tan impudicos menesteres, la anguila se le escurrio de entre las manos, tal vez por un exceso de efusividad, introduciendose velozmente por los intestinos de un horrorizado Conde que, pocas horas después, perdió la vida; vida que hubiera conservado si con un pez, no hubiera follado

1 comentario:

George Lapitta dijo...

¡Qué glamour!... ni en Francia.